Esteban Poblete Oña / Romina




A Romina Barriga, artista



Olas estallando, lejos. La tablilla se atesta de signos. Para descifrar todo el muro hará falta un vidente, y tendremos que irlo a buscar al otro pueblo, aledaño o invisible, de donde se traía y alquilábamos fantasmas.

Si nació durante el bochorno, hubiera irrumpido su grito en el centro de esa luz dormida y persistente. La tarde se habría vuelto alborotada. El aire, extraño, en el instante de su nacimiento. Toda aroma y las tranquilas palpitaciones de una danza, leve. Si no, la he soñado: oscurecida entre los mantos. Las cuencas profundas de sus ojos develaban el secreto que en el interior de nosotros se estremecía... cada noche, hasta que cesara el rumor de las estrellas, hasta que la aurora acallaba el vaticinio que invocaban nuestras alabanzas.  

¡Tal como anunciara el sueño! Sin los rasgos de la Patria a que su nombre les había llevado añorar. ¿Habita también ella las “Provincias del Alma”?

¡Ves! Si ya la veo atravesar la avenida del rey, abrazada de sus mismas sombras y de las flores que parecieran coronarle, con brocado.

Le ofrecimos un sitio junto a la hoguera. Se dio cuenta de nuestra naturaleza hospitalaria.

Mientras el libro se escribe, los elementos se elevan en orden, imitando la disposición de los Venerados Templos, y la Ley del muro antiguo se distribuye, nuevamente y victoriosa, por toda la Tierra. La piedra recorre como flotando desde el sonido incesante de las canteras, y todos nosotros hablamos durante días acá sobre la novedosa técnica tan limpia. Al otro lado, se desentierra gigantes caballos y toros y rostros de varón soñando durante siglos en el nicho de la arena, y aun nos percatamos que ahí habían vivido los ancestros de Nuestro Joven Rey. Nuestro Adorado Rey, involucrándose en los cálculos y recibiendo reclamos de sacerdotes, que le exigen que dejara de entregar Él ningún rol ni factura. Los soldados se reían a escondidas, desapercibidos detrás de los gritos.

Ella descifra el Secreto, y no descansa nunca enviando, día a día, tabla tras tabla.

Un día se traslada al Templo a medias erigido; la trasladan allá, junto con el enorme e intacto Muro.

La vimos de nuevo como se mira a una nube. Andaba muy despacio y las telas flameaban a la manera de insectos, que anuncian; el rey escuchaba lo que ella le estaba contando con gesto muy serio, empapado de serenidad y de sabiduría, como al descender harmoniosas todas juntas las aves al mundo.

Taparon la bóveda un día y la primera carga del grano llegó. La celebración prosiguió y los bultos seguían llenando el depósito, con la continuidad y la forma con que los animales trazan hileras al arado: bueyes y esclavos recios, sin emociones. Albañiles, ingenieros, talladores, el resto, eventualmente mirando, y nos miramos y observamos nuestras propias manos, como si eso nos ayudara a recuperar algo, que entonces con facilidad quisiera olvidarse. Los sacerdotes recitando la Letanía en una lengua ni siquiera accesible. La felicidad está lejos aún; con ciegos esfuerzos, algún día se logra. Los niños miraban de lejos, sobre los andamios. Detrás -cómo serán, a qué huelen ahora los lechos-, nuestras mujeres nos esperaban desde la última vez.

Más allá, revientan las olas.

Después ya no supimos. Retomamos las cosechas, muy detrás de las canteras. Alegrías y promesas, canciones al amor en instrumentos de cuero o de cuerda. Los niños jugaron hasta tarde, sorteando, en correteos, piras y víveres. Nosotros fuimos, cerca de ellos, a cumplir con los deberes que sus madres exigían. Ni tristes, ni tullidos; acudimos encantados. Pero, a veces, nos sorprendemos, observando a lo lejos el Templo que con estas manos un día edificáramos, del que solamente se observa su cumbre y habitáculo del dios. Alabamos, pedimos; pero la mirada se cansa y extravía en el cielo estrellado, adonde Él también acude, protegiéndole generoso: en donde escuche, sueñe o reine... Así es que el alma reduce la intensidad de su clamor, se recorta; va desvaneciéndose, súbitamente, la plegaria. Y la mirada vuelve a la tierra.

¿Qué habrá sido de ella, y de la gasa que flameaba al intentar pronunciarse, en secreto y en su idioma, ése nombre que tenía?

¿Continuará la Extranjera descifrando junto al Muro las Venerables Tablillas que resguardan, contra la lumbre, Nuestro Pasado y Nuestro Destino?



Boris Idrovo Vintimilla

Invitado especial


  


Ligero anecdotario de un masón libertario con pretensiones de hidalguía (que también era un poco raro)

 
Introito

El primer Páez Cordero que conocí fue el Rodrigo. Él, seguramente no se acuerda, pero fue entre los compases de ópera y las escuadras que alineaban su atril de Orador, donde, indignado por la exclusión del Wagner en el trabajo de turno, a punta de sarcasmos, secó mis lágrimas incitadas por el Puccini y el Verdi (canalizadas por el propio A.V.), y las convirtió en una risa que tendía a carcajada. Me cayó como bien… me presenté, y, como debe ser, conversamos un rato[1].

 Una vez concluidas las araucanas y sabatinas peroratas, pasamos a ese reflexivo y fraterno compartir que los viejos griegos llamaban ágape, y que estos nuevos epicúreos lo ven (veían) casi exclusivamente como condición necesaria para la existencia de un  post-ágape, calibrado por los muy queridos broderes: Daniels, Grants, Walker, y otros más lejanos, cuyos apellidos deberían escribirse en cirílico, o más cercanos, que  resultan ser un tanto más tropicales…y secos. Por supuesto, ni dudarlo, todo esto se matizaba con efluvios verdes que se diluían en humeantes arabescos.

 Es ya, en medio de esta batahola, que el Rodrigo me presentó a su hermano:

 Alexei Páez Cordero, me dijo, poniendo énfasis en su segundo y cuencano apellido; Boris Idrovo Vintimilla, le dije con algo de sorna, acentuando mi segundo y azogueño apellido…reímos, por supuesto… (luego, a lo largo de los años, muchas veces jugaríamos a pelear noblezas: él diciéndome “azogueño”, y yo recordándole que el viejo Luis Cordero –“mi bisabuelo” que decía Páez- era de Déleg nomás…). 
 

Un gentilhombre medio raro

Y, es que más allá de los apeshidos[2], el Alexei sí vivía en una muy extraña, decadente y rancia aristocracia. Conocedor profundo, entre muchas otras cosas, de la historia monárquica de Francia, parecía añorar los tiempos en que los hidalgos eran objeto de pleitesía por todos quienes tenían la suerte de encontrarse con ellos; y, como Roberto de Artois[3], uno de sus personajes favoritos, amaba la buena mesa, el buen vino y la buena carne, incluidos algunos mariscos, aunque en su último año de vida, procuraba no comer camarones, uno de sus platos favoritos, “para no sobrecargar el hígado”; por otro lado, en la perspectiva de que sentía un olímpico desprecio por el dinero, cuando lo tenía, parecía hacer todo lo necesario para deshacerse de él lo  más rápidamente posible. Me acuerdo que, sobre esto, en nuestras tropicales campañas, al segundo o tercer día -esto es cuando empezábamos a hablar de amores- relataba que mientras hacía su doctorado en York, un Páez apasionado y bruto[4], como también podía serlo, decidió venir a visitar a su “Mega-Nena” exclusivamente por el fin de semana. Le importó un bledo lo que eso podía costarle en términos monetarios, pues el goce del amor, en todas sus formas, superaba con creces esas nimiedades.

Aristocracia extraña, rancia y decadente, de la que un buen masón sí puede ser prototipo. Esto, a cuenta de que también  a través de los placeres –carnales y/o intelectuales- puedes elevarte a estados de conciencia que alguno podría llamar iniciáticos. Quisiera aclarar, que para alcanzar los placeres intelectuales no es irrestrictamente necesario hablar de –por ejemplo- la teoría crítica. También los puedes alcanzar viendo y comentando –a falta de cable- el programa de la doctora Polo…o el de “Vamos con Todo”. Sobre todo, porque a cuenta de ello, esos placeres se vuelven verdad a carcajadas.  Me acuerdo del Páez, extendido cuan (medianamente) largo era, vaso en mano y ciento esperando, comentar lapidario alguna aseveración de “Arena” cantante y presentadora de VCT: “el mejor tono al que puede llegar esta… es el silencio”, y de que rato después, el mismo día, y a cuenta de que se hacía campaña a favor de la abolición de las corridas de toros para evitar el sufrimiento del animal[5], afirmó tajantemente que también debería prohibirse el divorcio, puesto que “por lo menos, uno de los dos animales sufre”…Así era nuestro Alexei, a ratos misántropo y misógino, que, pleonásmicamente, a veces repudiaba a la humanidad y a las mujeres. Esto, por supuesto, no le impidió amar profundamente a algunos algunos y a muchísimas algunas.

Extraña aristocracia, vuelvo y digo, porque, aparte de ver a la doctora Polo y a VCT, nuestro hermano tenía gustos extraños que, podría suponer, le generaban la posibilidad de burlarse de sí mismo, casi tanto como de los demás. Por ejemplo, el excusado que tenía en medio de la sala de la última casa que habitó (Duchamp que le decía), era el vehículo que utilizaba para fantasear ineluctables polvos in situ, con jovenzuelas abrumadas de cristianismo o cocaína (la verdad, creo que sí se pegó uno que otro)… para luego –macho al fin-  contarlos con pelos y señales. Pero, que quede claro, esa capacidad de fantasear no estaba enclaustrada exclusivamente en los laberínticos andurriales del sexo, sino que la usó también para construir mundos utópicos que, supongo, quiero suponer, tenían la función de protegerlo de este.

 

Un masón libertario

Debería ser pleonasmo (lo de masón libertario digo), pero difícilmente lo es. Depende de quién es el hermano, de lo libertario que sea, y de lo masón que pueda ser. El “Viejo Páez”, como yo le decía, sufría de los dos males. Pese a sus intermitentes misantropías y/o misoginias, parecía tener claro que su yo era más libre en la medida de buscar  la libertad de los otros. De ahí su exacerbaba su capacidad de indignación frente a todo autoritarismo, y, también, su exacerbada capacidad de expresarla estese donde estese, y sin importar con quien estese. Pese a mis océanos mentales (hace rato que ya dejaron de ser lagunas),  creo recordar que, siendo subsecretario, o algo así,  mandó al mismísimo Ministro de gobierno del Abdala, a pernoctar desnudo en la mismísima casa de la Berta, a cuenta de que consintió la rapadura de algunos roqueros que llegaron –creo que a Ambato- a un concierto. La policía los esperó en el terminal para –siempre brillante ella- llevar sus cabelleras como trofeos.

En realidad tuvo algunos pequeños devaneos con el poder, pero mientras estuvo ahí en ningún momento intentó dar a su permanencia una continuidad artificial, y peor aún santificar los medios por los fines. Un fin libertario, implica necesariamente medios libertarios[6]. De ahí que con relación al presente gobierno siempre habló de darle “un apoyo crítico”…de ahí que se burló de las preguntas de la consulta popular que hacían referencia a la libertad de las personas a elegir (toros y casinos)…de ahí que se indignó ante el anuncio de Correa, luego de los despidos masivos, en el sentido de que efectivamente habían infiltrados de inteligencia en las instituciones públicas en la perspectiva de observar quienes eran o no corruptos…Pero, hay que ser veraces, siempre dijo estar de acuerdo “con el proyecto”.

Este espíritu libertario también le permitió no ser obcecado en sus gustos musicales. Simplemente, odiaba la simpleza -de la música nacional por ejemplo-,  y pese a no tener tan buen oído (cuando le decía esto, sus ojos transmutaban en carbón encendido), tenía una muy alta capacidad de elección musical. En los dos o tres últimos años de su vida, en medio de andanadas de Black Sabbath, Metallica, Led Zeppelin, Apocaliptica, o Nina Hagen, una suerte de nostalgia le hacía convocar a largas tertulias  a Jhon Denver, Los Carpenters, Simon & Garfukel, y a Lorena McKennitt (cuya música, decía, él había sido el primero en traer al Ecuador).

Masón libertario, digo también, porque nuestro ñaño, como William Godwin, o como Kropotkin[7], prefería el debate público a la conspiración, y, personalmente creo que una de las mejores tribunas para ello era -y sigue siendo- nuestra Orden.  Ahí viejo Páez se refocilaba en el lodazal del conocimiento, y en  la perspectiva de alcanzar una verdad absoluta que sabía inexistente. Sin embargo, su gozo más grande lo encontraba en la fraternidad (así, con minúscula, como virtud), en el dar y recibir afectos atravesados por los aguardentosos vahos de un post ágape interminable. Es desde ahí que he querido escribir este texto, desde los afectos, y no desde una Academia (a la que, además, no pertenezco) que lo recuerda como erudito, brillante, experto en múltiples disciplinas, inteligentísimo... Además, para qué…eso, ya lo sabe todo el mundo.

 

El descubrimiento de la Tropisalia (Anexo)

1994 (más o menos).

El viejo Páez había sido parte del comité organizador de un concierto de Rock en la plaza de Guápulo.

El viejo Páez –a cuenta de  la leve tendencia a figuretear que le adornaba- había conseguido ser  el maestro de ceremonias del susodicho concierto.

Nos encontramos en las previas. Mientras los otros organizadores deambulaban raudos por toda la plaza, acomodando tarimas, parlantes y demás artilugios necesarios, nuestro ñaño se encontraba lánguidamente sentado en una de las banquitas de piedra de la plaza. Me saludó con cara de aburrido…e inmediatamente sacó, de alguno de sus insondables bolsillos, una media de trópico que, es de suponer, recién había comenzado a trasegar.

Es de suponer también que los roqueros de mediados de los noventas, habrían sido un tanto curuchupas y/o mojigatos, puesto que el viejo Páez no quería ser visto en compañía del trago.

“Verás –me dijo, después del primer sorbito- para que no nos vean chupando, compremos una chica de tesalia, la mezclamos con el trópico…y tomamos tropisalia…”

“Bueno”, dije yo, después del segundo sorbito.

Dicho y hecho. El Páez asumió su rol de maestro de ceremonias, y cada vez que terminaba de anunciar lo que tuviese, o a quien tuviese…pronunciaba mi nombre seguido de la inefable frase “a la tarima”, con el no tan sancto propósito de que mientras los artistas artisteaban, consumiésemos la novísima invención.

Luego de tres viajes a la tarima, la lucidez paesiana (la mía ídem) se había consumido un tanto, mientras que el brebaje -ese sí- se había consumido por completo.  No hubo más remedio que desviar el camino hacia la tienda de doña Rosita, proveerse de una nueva dosis, para luego volver el paso a la derecha, y retomar la ruta tarimera…

Al final, la lluvia nos obligó a terminar el concierto dentro de la iglesia… pero esa, como dicen los fanáticos de los clichés, ya es otra historia…

Es aquí, en este episodio cuando, aparte de hermanos nos hicimos verdaderamente panas. Y, ahora, mientras escribo esto, me voy a buscar una de trópico, y a escuchar esa pinche canción de los Carpenters con la que me atormentaba… We've Only Just Begun to live…que traducida sería algo así como “recién hemos comenzado a vivir”…
Salud!

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[1] No exagero. Yo guambra, carca de veinte y pocos, me quedé anonadado con un trabajo que se presentó en logia sobre la ópera, y que estuvo atravesado por videos (me imagino que a través de un  beta-max), que fueron exacerbando mi sensibilidad… hasta que terminó con el propio Nessun dorma, momento en el cual me puse a llorar como niñito. El Rodrigo se cabreó porque casi no se le tomó en cuenta a Wagner.
[2] Léase el término en voz alta y con acento quiteño por favor.
[3] Si tienen curiosidad, revisen “Los reyes malditos de Francia”, de Maurice Druon. Tomos del 1 al 6.
[4] O brutalmente apasionado…
[5] El Alexei nunca estuvo de acuerdo con que se incluyera esta pregunta en la consulta popular. Tampoco con la relacionada a los casinos.
[6] Esto, por si acaso, lo digo yo mismo. Parafraseando a un hermano.
[7] Ver texto “El Anarquismo” de George Woodcock.
 
 

Silvia Stornaiolo




NO


EL, está escribiendo sobre ELLA, no la ha visto, pero imagina cada uno de sus movimientos, era, en un principio una manía que lo tenía atientas día y noche, decide entonces que puede resultarle productiva esta enfermedad y cada mañana al despertar después de hervir el agua para su café y de calentar el pan de ayer, para comprar otro más tarde que será el pan de mañana, se sienta con una cajetilla de cigarrillos y una vela prendida para anotar lo que probablemente le esté pasando a esta desgraciada que lo dejó por motivos que según el descubrirá en el proceso de la transcripción de los hechos de ELLA, que si bien no tiene la certeza de que estén pasando, podrían pasar, no por la fuerza de la magia, si no, más bien porque la sabe, y entiende que bajo ciertas circunstancia quizás geométricas, estos eventos tienen una razón, un espacio y un tiempo que es ahora:


¿Pasó? Titila, regurgita, llega gateando hasta la farmacia -deme dos paquetes, nunca se sabe…y una sonrisa vomitiva perfila su desgastado regreso a casa, pidiendo perdón, chocándose con la gente, piensa que va rápido pero desde afuera su lento y rengo caminar da pena y vergüenza tiene las tiras del sostén caídas sobre los hombros, el maquillaje corrido hasta el cuello, las pantuflas se le van quedando una, dos , tres, a la cuarta las deja, el crujir de sus plantas contra el cemento ardiente hace que unos saltitos irónicos la refugien en una sombra, se sienta. Cree que le falta poco para llegar, ¡mentira!

No, los antibióticos parecen no funcionar, mientras ella deduce que eso es lo de menos, el quejido asombroso de su penetración.. ¡NO!, los antibióticos no están haciendo efecto, las burbujas en el sexo, el absurdo y exagerado sudor… no conviene ir al médico, y cuando cree que va a recordarlo todo se retrae porque no puede sorprenderle el golpe del flash voluminoso de otro recuerdo, a penas lo conocía, la profundidad, el impacto, la ruptura del ano… ¡COMO!. Van catorce días de pastillas, dijeron que no más de siete y no menos de tres, la desgarradura…el latigazo en el cerebro, los labios están despampanando, y eso? intenta recordar, no! Años de lucidez que no sirvieron para nada, y ni siquiera llega a dilucidar un instante correcto.

¡Qué error! Pasan los autos, personas, los niños salen del colegio de al frente, helados, chillidos, ella grita para dentro, se resmella la muñeca en su primer intento de ponerse de pie, vuelve a sentarse, no puede ser tan difícil, un impulso sobrecargado y ya! Está de pie, todo da vueltas, hace una mueca y menea la cabeza, mira al frente arquea sus cejas, abre bien los ojos, el sol la abofetea, el horizonte no ofrece nada bueno, al fin llega.

Escaleras, miles de ellas, manos, pies, llaves puerta, la meta, no resulta más que una ilusión que tubo en el camino, el espejismo de llegar es un desastre, cuando pensó que todos se habían ido, ahí, en el sofá un tipo roncando, no sabe quien es, despacio topa el cuero de su chaqueta, le mueve el brazo, no hay respuesta, en el oído:

-Oye, tienes que irte.

Le mueve la rodilla enérgicamente,


-Déjame dormir un rato más-le dice mientras se da la vuelta y abraza el cojín café que tan bien combinaba con el sofá,


-No puedo, tienes que irte,


No hay repuesta, en todo caso, es temprano, ya se irá, se mete otra pastilla, no necesita agua, no sirven para nada estas perras pastillas, se recuesta en el sofá frente al tipo, en caso de que despierte tiene que estar en vigilia, no sabe quien es, esperará hasta que se vaya para poder dormir, mentira! Cae inconsciente al par de segundos de lo pensado.


Unos gemidos exagerados hacen que despierte de un sobresalto sintiéndose aun peor, es el tipo masturbándose desenfadadamente, con gestos y todo, las nalgas contrayéndose yendo y viniendo la cadera de arriba hacia abajo, rápido, rápido, sus pupilas suben y bajan, ella no puede hacer nada, está asustada, pero un poco excitada, no le queda más que competir con el desconocido, y se mete la mano debajo del pantalón y con sus dedos acaricia su sexo hasta delicadamente entrar y salir, el abre los ojos y se entrega con mas pasión al espectáculo, sin acercarse ahí están los dos, cada uno viéndose a los ojos mientras se tocan con desesperación, el fin.


–Tienes un pancito que me muero de hambre,


-No y creo que ya tienes que irte,


otra pastilla,


-¿Qué tomas? ¿Me das una?


–claro, pero vete ya.


En su cama retorcida en sus sabanas estaba consiguiendo una conciencia gigantemente obscena, un sinfín de probables infecciones, y una resaca eterna que no tenía pensado dejarla pasar del medio día.


Es hora de levantarse, un cigarrillo una cerveza, la arcada inicial pasará tan rápido como el mareo mientras más rápido absorba el alcohol, otra pastilla, ya mismo se acaban, anticoncepción oral, lo que sea menos un embarazo, no, tacos no, seguramente iba a caminar bastante hasta conseguir lo que buscaba, sin saberlo, un aire emocionante le pinta las mejillas de pómulos hinchados y media sonrisa al confiar en una sorpresa porvenir, llaves, cartera, el salto triunfal.


Mientras ya más confiada deja que sus brazos disfruten con el vaivén del viento, se pregunta si es que realmente es tan mala como cree, pero no, no puede ser mala, mala es una persona buena para algo, mala es la que por lo menos mira a los ojos cuando dice alguna grosería, y eso ella ni siquiera consigue con el espejo, tampoco es buena, puede confundirse su timidez con humildad pero todo lo contrario, levanta la quijada y respira la profundidad del aire toxico que deja un bus al pasar, una menta, si, debería ir al dentista o siquiera lavarse los dientes, no, no hay tiempo para eso, ya no sabe para que le sirve el tiempo, tiene de todo más de lo que quisieran muchas personas, pero no concibe la más mínima idea de que hacer con ello.


Alguna vez tuvo las manos hermosas, por lo menos eso se lo decían, ahora extiende sus palmas y las encuentra arrugadas, torcidas y sucias, tan sucias que no puede taparse la cara para reflexionar un poco, mejor, para qué tanta reflexión, han sido momentos de agonía sin respuesta que la han llevado a hacer todo lo posible para deplorarse más, entonces sigue, la caminata está atractiva, no cabe duda de que la ciudad se está poniendo cada vez mas bonita, antes no habían estas plazoletas/escenario que parecen divertidas, a gente simula estar contenta, la música estalla, el sol se está poniendo y las sonrisas cada vez son mas largas, una que otra carcajada, parece que caen serpentinas del cielo, una algarabía vulgar, ella quiere entrar pero percibe un muro transparente que no le permite darse ese gusto, y es que está como un mimo, tratando de empujar una pared invisible, y alguna vez le dijeron que hay que correr el riesgo, que si no, no pasa nada, y se da cuenta de que la mayoría de veces que lo ha hecho ha perdido, el riesgo es un absurdo, mejor quedarse calladito y bien en la esquina, piensa, y se ríe, gesticula y murmura, se la ve tan ridícula que al darse cuenta de su actuación se sonroja y decide cruzar la calle para intentar en la otra vereda, es lo mismo, la diferencia: una pequeña puerta en medio de una pared pintada a apestosa a urea, que amaga insignificancia, pero no, propone algo, algo escondido, contario a todo el rededor de la situación, hay un algo especial dentro de ella y lo tiene que descubrir, no es la luz fosforescente, ni la música ronca que vienen desde adentro, es algo más, entonces poco a poco mirando hacia los lados, frunciendo el ceño, logra pasar la barrera del maco del portal, se encuentra en un patio de cemento, la música es más alta y la luz viene de otra puerta más pequeña aun, esto se está poniendo interesante, mira a los lados y no hay nadie, escucha voces que vienen desde adentro, y si es que me meto en líos? Justo cuando está por dar la vuelta para salir de un posible embrollo, sale un hombre con terno y corbata que la mira y le pregunta que es lo que esta haciendo, ahí, ella le contesta que buscaba un lugar donde tomar una cerveza que no esté tan alegre como los otros lugares allá afuera y el llama a uno, su compañero probablemente ya que está con el mismo atuendo, y le dice algo en secreto, los dos ríen y le dicen que siga pero bajo su propia responsabilidad, apretándose el abrigo con las manos en los bolsillos, camina en puntillas, tomando todo el aire posible hacia el portal siniestro que hace poco le había llamado tanto la atención pero que ahora le aterroriza, cada paso a paso lento acerca la melodía a su recuerdo y si, era un tema que no había escuchado hace muchos años “Allways…” adentro, en el techo un aparato movedizo con muchos focos de colores que al girar alumbran sitios oscuros por un par de segundos descubriendo por ese instante al individuo sentado en ese puesto, eso le llama mucho la atención por que uno por uno los va viendo, son todos hombres, feos y con expresiones abiertas, ojos, boca, fosas nasales, el uno se apaga y se prende otro más abierto y más feo.la pregunta es: será que cuando se apagan siguen con las mismas caras? O bajarán la guardia cuando entrecerrando los ojos intenta descifrar ese misterio, se apaga el de pelo chureado y viene otro, uno rubio, que no deja punto ciego al regresar a verla, es como de esas miradas que dan miedo, pero no un miedo ligero si no de esos bien fuertes, algo diabólico ojo azul propio del mar del mal, levantando las cejas la mira, levanta la quijada rápidamente como preguntándole que, qué hace ahí, ella no se mueve, no puede dejar de verlo, “…I´ll be there t´ll the stars don´t shine…”

-Quítate!

Grita el rubio y ella con un suspiro entrecortado realiza que está mal ubicada, está tapando el espectáculo que todos ellos están ahí para ver, con un giro de cintura y cuello, sin siquiera levantar un pie, puede ver el único espacio en ese salón que tiene luz constante, es una luz verde oscura que rodea a esta mujer pequeña de senos colgantes, cintura de niña, nalgas dobladas contra las piernas, que se desdoblan con cada salto que da, tendrá unos treinta años quizás menos, no se sabe, esta vida envejece, el cabello rubio, pintado seguramente, la pelvis calva, adelante y atrás, adelante y atrás, esta muy seria, de ley odia lo que hace, se agarra del tubo, un par de vueltas casi voladoras, esos tacones sandalia se ver muy incómodos pero le sirven para los giros… parece… “…allways… if you told me to die for you, i would….” Se da la vuelta, pone una mano abierta en una nalga, lo mismo con la otra, hacia los lados se abre, se arrima de espaldas al palo, su culo parece que se lo come al palo, sube y baja, sube y baja, va dejando una babita lubricante que hace más fácil el sube y baja… “…Cause i´ll be there for you allways…”

-Quítate!


Una servilleta mojada golpea su espada, se da cuenta que es una servilleta al tocarla, por que en el impacto sintió que era una piedra, lanzada probablemente por el rubio, que no para de gritarle que se “quite”.


Como descorchándose vuelve a su posición inicial, la vista hacia los tipejos que al ritmo de la música como un árbol navideño se prenden y apagan en el villancico obsceno “aaaaaaaalwaaaaais”. Es momento de retirarse, antes de que le lancen otra cosa o de que la insulten en serio, su confusión ahora es: o, salir corriendo de ahí o enfrentarse a sus miedos, ser parte de los bombillos morbosos hasta que termine el show, pero no le dan tiempo ni para lo uno , ni para lo otro, la pareja de porteros enternados fuertes, la agarran cada uno de un brazo, levantándole y dejando que sus piernas floten y se muevan al vaivén de“aaaaaalways”.

Afuera después de dejarla bien paradita en la vereda, se limpian las mangas de sus trajes los dos al mismo tiempo, eso la hace reír, y les dice:

-Ustedes si que no van a dar su brazo a torcer,

y se regocija con su incomprensible comentario, pone su mano en su estomago y se agacha para la última carcajada, al incorporarse, los mira a cada uno por un par de segundos a los ojos y se da la vuelta y se va.


-¡Y que les quede claro! Les grita a la media cuadra y empieza a correr.


Mientras en el camino va pateando una piedra, un abrazo apretadísimo la sorprende con retraso, ¿quién es? Se pregunta mientras está siendo casi exprimida, escucha la risa melosa de quien la abraza, es una mujer, no solo por su timbre de voz si no por los senos que como globos de agua parece que van a reventar en cualquier momento, también por el perfume empalagoso reconoce a su compañera de la escuela, esa amiga que llega a irritar tanto que te escondas donde te escondas siempre te encuentra y resulta tan persistente que cuando deja de buscarte te llega a hacer falta, porque de alguna manera u otra llega a ser necesaria.


El abrazo al fin termina y comienzan las caricias y piropos,


-Te me has perdido,


y con el dedo índice señalándola,


-No te he visto en semanas, te he llamado full,


el dedo más cerca, más piropos, más reclamos, mientras eso sucede ella se da el tiempo para planear el escape, la escusa perfecta para zafarse rápido puede ser: “tengo cita con el dentista”, ¡no!, por que la respuesta sería: “vamos te llevo, te acompaño y mientras te chequean las muelas te lo cuento todo”,¡no!. Entonces: “Voy a visitar a mi abuela, está un poco enferma” ¡tampoco!, porque ella diría: “qué linda, pasemos comprando un flores y pastel, así tomamos un tecito con ella, y te cuento todo”, ¡no! Opción tres: “Tengo una cita romántica”, ¡nones! porque seguro: “si! Qué bien, yo también, fantástico, llamo al mío y salimos los cuatro, más romántico aun”. ¡NO! Entonces no le queda más que: “Estoy yendo a comprar drogas” = “bien! Siempre he querido probar, y mejor con alguien conocido, ¿cuánto tengo que darte?” ¡NO! Quizás: “Ginecólogo” = “que nos haga a las dos, a mi ya me toca y me daba miedo ir sola” ¡NO!“Compras” = “Uy shopping que divertido” ¡NO!“Trabajo”= “Mentira, tu no trabajas” Y todo esto cruza su mente mientras frente a ella, su amiga sigue gesticulando, diciendo y riendo, todo incomprensible ya que los planes fallidos de fuga seguían cayendo al piso como papeles arrugados. No le va a quedar más que aceptar pasar con ella la tarde, “nada me saca de este embrollo”.

Al fin, un segundo de silencio le da la oportunidad de decir algo, respira profundo, toma a su expresiva amiga de los hombros y le dice:


-Vamos a un lugar bien bonito acá cerca a tomar una cerveza, yo invito!


A sabiendas de que si la llevaba allá, al encuentro de bombillos villancico nalgas comelonas, su amiga se iría avergonzada pero no enojada y todos felices y contentos, era simplemente perfecto!


-Sabes… no puedo amiga, estoy apuradísima, pobrecita tu tan sola, dame tu número de teléfono para llamarte uno de esos días, quizás mañana, no, no creo, pasado tengo…mmm…mejor te mando un mensaje uno de estos días.


-Pero… te puedo acompañar?


“Irónico…”


-¡No! Lo siento tengo que ir sola, algún rato te cuento.


Beso, beso, adiós, paró y se subió en un taxi.


Ella se quedó triste, inexplicablemente triste. Injusto esto de no querer lo que no te quieren dar, pensó.


El, tiene miedo de dejar de escribir, porque sabe que ella podría desaparecer. El tiene miedo de salir a la calle, porque sabe que se la puede encontrar. Fue y es celoso, el tiempo ya no es un problema, esta relación extendida por las palabras y las maniobras de una imaginación activa, mecánica y dinámica tiene mucho más que ver con la realidad que lo que EL hace en su diario vivir, esto que está pasando es. Puede sentir la tristeza de ELLA al finalizar el último capítulo, y si, no era para menos, su amiga no estuvo a la altura del conflicto, una serie de planes tachados con una gran equis color rojo en su cara estreñida.


Siente que debería salir, pero entiende que es muy pronto para eso, no le ha pasado nada grave aún, ¿puede el rescate ser un buen motivo para atreverse al vestir y salir, quizás un taza de café más y otra vela hagan posible este encuentro.



Su caminata hasta ahora ha traído un par de sorpresas, no tiene la más mínima intención de volver a casa, no lo quiere hacer nunca más el tiempo que el nunca se convierta en oscuridad sin dinero, todavía no ha gastado nada pero sabe que la desesperación terminará en eso. Si, es momento de emprender el despilfarro, comer podría ser una buena idea, pero qué? Tiene que ser algo que la llene muchísimo, dulce y sal, chino.


El lugar está lleno, es una mala hora, ella tiene miedo de que la vean, sufre porque sabe que será juzgada, por estar sola, por estar sucia, por estar mal y siente que lleva en su espalda uno de esos carteles que dice que se burlen de ella, o patéame, o mírenme hasta que me sonroje tanto que mi cabeza explote sobre todos ustedes hijos de puta. No, chino no, mejor algo de pasada, un come y pasa, pite y beba, algo así, si, sigue caminando encontrará algo seguramente, en dirección hacia ella una cara conocida, un caminar osado, de hombros para atrás y cabello largo, si es el, quien al verla acelera y se detiene tan cerca que las puntas de sus zapatos están sobre los de ella,


-No, no me digas por mi antiguo nombre, ahora soy el conejo, me hice poeta y estoy escribiendo cosas malas sobre toda la gente que conozco, de ti no, claro, bonita, como estas? Te veo mal, hecho leña, qué me cuentas?


Ella no sabe que responder, es mucha novedad y maltrato, empieza por la novedad:


-Conejo? poeta? Qué pasó con la medicina, ¿no estabas decidido a ser doctor? Y en serio ¿me veo tan mal? Sé que no soy una princesa pero, ¿tan mal?.


Suena su celular y contesta –Hola, hola, conejo a la orden, y mientras la persona quien lo llama habla altísimo, el se pone es teléfono en su espalda y le dice susurrando que es una llamada muy importante que la espere un segundito que quiere actualizarle sus datos, da las vueltas, se ríe, salta, grita y cierra el teléfono sin despedirse y un poco enojado,


-No quiero hablar de lo que acaba de pasar por favor no me preguntes, ¿para dónde vas? Necesito un baño acompáñame a este local a pedir, y pide tu por favor porque a mí no me han de prestar.

-Disculpe nos presta el baño por favor?


–A los dos no, uno por uno puede ser y eso si es que consumen.


–Yo tengo hambre, mientras como me actualizas?


–Si pero no te puedo invitar, ando corto, ya sabes cómo es esta vida de artista.


–No, la verdad no tengo idea, pero no te preocupes si quieres te invito algo,


Le dice mientras tantea el bolsillo derecho de su jean negro, qué bonito fue alguna vez ese pantalón, cuantos buenos ratos paso con él, y si, ahí en ese bolsillo estuvo alguna vez la moneda que lanzó enojada jurando obedecer al azar, y salió lo que no esperaba, aunque sabía que se las jugaba, sentía que esa vez, esa mínima miserable vez, el destino debía estar de su lado, tan certera era la posibilidad, que mientras la moneda daba vueltas en el aire sonrió al cielo esperando que la respuesta sea suya, si te vas a quedar con él, y no, no fue una equivocación, tenía que ser así, la testarudez no funcionó esa vez, no porque lo haya jurado, ella era demasiado buena en fallar promesas, juramentos y compromisos, fue un viento correcto, un destino acertado lo que había rogado la noche anterior, lo que había pedido desesperadamente, la señal que faltaba para armar bien la cadena de lo que sería en lo que ella se convertiría y la moneda lo dijo todo.


De vuelta al conejo, sus ojos le recordaron el presente, no iba a llorar, siempre que recordaba ese decisivo momento lloraba, no iba a llorar, estaba decidida a comer todo el local para tragarse ese nudo que estaba erupcionando en su garganta,


-Siéntate rápido por favor, pidamos lo antes posible, yo quiero el chicharrón doble y póngale poco mote, pero no tostado.



Fue una moneda entonces, ¡eso fue lo que pasó! EL cree que empieza a entender pero está cada vez más lejos, siente que este paseo la está acercando y no pude dejar de imaginar lo que hubiera pasado si es que la moneda caía del lado contrario, la cara contraria, la otra cara de la moneda, un sonido brutal, el romper de vidrios, teclados, ¡¿por qué tuve que poner la moneda en su mano?! Grita, se rasguña las palmas, su ansia se personifica de enemigo, regurgita en su contra, ansia voluptuosa lo ataca, se hiere, se aruña, cae, en el piso, su cabeza de medio lado, puede ver el teclado disperso, pequeños números y letras confabulando, es el fin, las toca para ver si aún queda un poco de ella, está destrozada, partida, desperdigada.



El “conejo” se tapa la cara mientras grita ayuda, no entiende porque se levantó y corrió hacia la calle, fue como si pidiera a gritos que la atropellaran, fue como si supiera que venía ese camión a toda velocidad, fue como siempre ELLA, tan complicada y rara.