Jetzy Reyes Castro







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numen de  La Carne


amo el humus de tu carne

la piel de tu cerebro  

tu aureola de médulas

y flores inmortalizadas





pose de La Maja



afíname Tú

que te elevas sin sentirlo

sobre olas in excelsis dunas



con esqueleto plural de adolescente

de calcáneos verdes y falanges lilas



Tú que intacto

pisoteas Los Espejos

que invadieron el culto

y afectaron La Magia



ya debes saber mi hastío

mis metales sin boquillas

en donde insertar un tono



afíname Tú

que reinventaste la pose de La Maja



en puntillismo secreto

que bufa ilion isquion



¡afíname en el deleite

de sus turbados maxilares!

/


Un Jilguero gorjea en mi Zapato



el empedrado me conduce a La Casa de mi sudor



al amén por los siglos de los siglos

donde devoro fugazmente la médula de tu edad



plumas manchadas con crayón nos ensucian las yemas



crujir de tenazas lumínicas vertebra el deseo



tus Pinceles me desfloran

con mi sangre trazas una vulva

falos supremos fecundan la matriz del Lienzo



primer bramido en mis pantorrillas

¡profana el sordo candado de mi Vientre!

/


fraseo lento del cuerpo

en la exhalación del alba sin Danza



-estalactitas perforarían las cabezuelas del Cardo-





retozo del tórax

con los senos huérfanos aún lozanos



cayendo ya



muy blandos



recostados



se esculpe el descenso

de su redondez





¡libídine!



avasallante  resplandor invade

la tensa Noche de la anatomía

con todos los fluidos sin fluir





Escultura en mármol de largas piernas

se yergue en mueca vaga



efigie en Mar       a   ban   do    na   da

corroyéndose en moho lunar sin sentir



piernas fatales



desnudas



bebidas



inhaladas por La Trompeta

del Solo de Miles





duele tanto lo creado

para fallecer con el mismo Sol en el centro

/


he resentido tu figura leve

tu floresta sin más ramales que tu gripe



transparentes tus dedos

resbalan en Las Partituras

y fosforecen con mi muñeca

tras un vaivén de pulseras



velado tu cuerpo vislumbro el goce

la furia almíbar de tus Huesos

las teclas de Agua de tus manos



en forte   en mezzoforte   en Piano

/


caminas junto a mí

delgado cavilante



tu silueta alarga y aquieta Las Calles



cabizbaja

en tus moléculas me deslizo



tarareo Un Danzante



albañil de mis portales

pintura fresca en La Sinfonía



en un cubículo engullo tus vellos



El Silencio acentúa las manchas de tus alabanzas



Trombones abandono en un cubículo



nos vamos

cierras La Puerta

algunos cabellos quedan prendidos al candado



No hay Puerta

en tus moléculas me deslizo



No puedo abrir los ojos

No me angustio



has cerrado La Noche

hemos muerto mis manos en tus manos

No me angustio



alabanzas manchadas:

Cítaras de Agua difuminan veredas lógicas



/


allá                                                                                                   

tu edad vertiginosa

muda de pétalos cada Instante



aquí

has significado



un anillo evaporándose



un gusto a porcelana

matiz nieve



ahora que de nieve

Son las medias

la boina

la bufanda



y los alimentos de mi Jueves

en que descuartizo más Música



cuando aún me asaltan tus formatos

pastiches

lecciones



ardor descolorido

nuestro sexo desamparado



y tu Diva incisiva




/



sombreado hostil

que perturba mi ingle en imperdonable placer



¡qué más da!



he sido feliz en tu ocaso

lejos de mí



he sido feliz allá

en tus continentes y sus Lenguas que No conozco



No Canto

y vivo en tu ojo ciego

en tu corazón desigual



en el desmayo de Anémonas

con mis tentáculos en Flor



en Los Flamencos que tocas

cuando tienes que ahogar La Lluvia.

(Del libro: El Tallo de las Lunas)



Silvia Stornaiolo / QUISIERA SER UN PEZ......






Para vos, rey.


Él trabajaba en una fábrica de peceras, tenía un puesto importante, y quien diría, bastante ocupado, hacían peceras! Y lo odiaba con toda su alma, su malgenio era lo más importante y había que respetarlo, llegaba tarde a casa a destrozarlo todo con la ira de quien hace muchsisísimas peceras, y el agobio del papeleo de las mismas y su jefe, ese gran hijo de puta, amante de los peces de colores y precursor de encerrarlas en esos envases de vidrio tan modernos, tipo mar en miniatura con buzos de plástico y algas inclusive.



Aparentemente me quería, pero no tanto, “no era taaaaan malo” como el diría, me quería pero de una torcida manera, sin mimos digamos, sin amor, amor desamorado, como en blanco y negro, y yo me había cansado de buscar el color, habían momentos en el día o en la semana que unas pinceladas me tentaban pero en seguida realizaba que eso estaba fuera de la película, armada con tanto esfuerzo por 20 años, con los mismos diálogos mañaneros y tardesinos, con el mismo elemento, compuesto y definición, con las pocas fuerzas y ganas pero ahí, dándole, una lucha confusa de contra pared,  a la que de alguna manera me había aferrado como ventosa.



Amor, estoy embarazada le dije, ya eran tres meses, y en ellos no había encontrado el momento adecuado o preciso para poder hablarle al respecto, siempre tan enérgico y desgastado, encerrado en el baño cagando mucho más tiempo de lo normal, en su teléfono, en su mundo de dolor por las peceras y todos sus inconvenientes.  El no quería tener hijos, eso me había dejado clarísimo el día que nos casamos, en nuestra luna de miel, clarito lo imposible de reproducirse, tenía teorías bastante acertadas en cuanto a lo absurdo de la reproducción y sus consecuencias, me convenció de tal manera que adopté dichas teorías como mías, y las aplique con todo conocido, siempre quedando como esta mujer definida y fuerte que en realidad nunca fui, seño fruncido, lápiz en mano, gesticulación acelerada y las palabras que se desbordaban de sabiduría en cuanto al tema, y enojada, punzante, tener hijos podía ser el peor error de tu vida! A gritos.  Amor, estoy embarazada, le dije y sus ojos se abrieron tanto que parecían dos bocas extras en su cara, pálido verde era el color que puedo describir y venas, muchas de ellas saltando en su frente y manos que al alargarse como para querer ahorcarme pero no, creo que se aguantó y le dije que definitivamente no era tan malo, taaaaaan malo como seguramente lo nuestro.  Y se fue, azotando la puerta y dejando ese sonido en mi cabeza hasta los días de mi muerte, puerta vieja y chirriante, la del cuidado, porque estaban tan oxidadas las bisagras que la manejábamos siempre con delicadeza, qué estruendo! el estruendo de lo que no iba a ser nunca, porque no tuvo que decir nada para que yo entendiera que eso no iba a pasar, eso, el fruto, el hijo, lo que estaba ya formándose dentro de mí, no iba a salir con vida de esta.



Y le llamé, esa misma noche le cité en ese restaurante italiano en el que una botella de vino con una tabla de quesos, costaba lo suficiente como para poder pedir tres y emborracharnos, amarnos y pelearnos como de costumbre, porque eso si, después del amor alcohólico venía siempre la pelea de la resaca y ahí si era tan malo o más, lo rescatable del restaurante italiano era que cuando estábamos ahí, ya con más de media botella adentro, nos queríamos, nos tomábamos de la mano inclusive, nos mirábamos a los ojos y nos contábamos algo, o por lo menos recordábamos lo años de nuestro romance, cuan chicos éramos y cómo nos escapábamos de nuestros padres para hacerlo al amor a la manera adolescente, entre risas y vergüenza.



Amor, quiero seguir estando embarazada, en el restaurante italiano del amor, que quedaba a dos cuadras de la fábrica de peceras, me vio con esa cara que deben tener las bombas a punto de estallar, y me dijo, que pensaba que yo ya debía haber solucionado ese asunto como las otras dos veces, que de hecho el pensaba que esta cita era para festejar el desencuentro con la paternidad, y bueno, qué vas a hacer al respecto?, nada, le dije, quiero tener este hijo, por qué no? Creo que es hora, ya me estoy haciendo vieja y después…. -Y después  nada, si quieres seguir conmigo como habíamos acordado para siempre, lo mejor es que te deshagas del asunto tranquila, cuanta plata necesitas? Si quieres te acompaño, pero no no no y no, es definitivamente imposible y se acabó la conversación.  -Dos cestas de pan por favor y la botella del vino de la casa, los quesos no los queremos esta vez.



Lloré, lloré convencida de que algo estaba mal, mi fortaleza y conciencia, toda esa certeza que tenía de ser, se fue directamente a la mierda, lloraba camino a la farmacia, lloraba mientras pedía as pastillas, dos por la boca y dos por abajo, me dice el gordo asqueroso de la farmacia, gordo sudoroso que sabia para que eran las pastillas pero no quiso ser discreto, “dos por abajo” imbécil, lloré mientras pagaba con monedas, una por una las fui contando en su mano, lloré mientras caminaba de regreso a casa, y todo se veía oscuro, Quito lluvioso de nuevo, los parques, la gente, la 6 de diciembre, qué calle tan complicada, quisiera caerme en un bache o simplemente que me pise el bus, lloraba mientras empañaba las gafas y los mocos me taparon por completo la nariz, tenía que respirar por la boca, gimiendo, esto no es para mí, lloraba mientras me tomaba las dos pastillas, llorando metiéndome las otras dos, llorando esperando lo que tenía que pasar, un desangramiento severo con harto dolor en el bajo vientre, y no, no paso nada de eso, es una señal pensé, debe vivir. 



Amor, sigo embarazada, le dije cuando llego refunfuñando por algún papel o pez o alga de plástico, otra vez los ojos boca y las venas, tiró la puerta pero esta vez la de atrás de la de la cocina, arrancó el auto rapidísimo, y a los poquísimos minutos regreso con 4 pastillas más, -y si me muero? Pregunté, esto es bien fuerte! -Qué te pasa?, tomate ya, así mañana estamos mejor, -mejor?, lloré en el baño con el mismo ritual, lloré en la tina hasta que el agua se hizo helada, seguí llorando del frío un rato más, lloré con la toalla, lloré mientras me ponía la pijama, lloré hasta quedarme dormida, y nada, nada de eso, increíble, ni una gota de sangre ni dolor, qué cosas no?



En el desayuno a punto de repetir la frase que amor pepe hubiera odiado con todas sus fuerzas, me encuentro con una nota en la mesa, y 4 pastillas más: Amor: métete, tomate o lo que sea, pero pilas, te quiere, tuyo pepe.



Tuyo pepe, y yo que seguía con la lloradera metiendo y tomándome cosas que seguramente me han hecho mucho mal, pasé el día en casa esperando morir desangrada, pero nada, entonces,  me fui al médico.



El Dr. Guzmán, posiblemente el más viejo de los médicos del hospital, tan anciano el hombre que no podía articular bien las palabras, pero eso sí, se acordó clarito por mi apellido que yo era la nieta de su gran amigo gran, el más amigo del colegio, que buena coincidencia, niña en que le puedo ayudar?, para qué soy bueno? y risas de dientes amarillo/café, historietas del ayer, travesuras en la escuela con mi abuelito, qué buena persona era!, a ver Dr. Guzmán, le cuento que me he tomado y metido 6 pastillas de estas, enseñándole el blíster vacío, porque mi amor pepe no quiere que me atreva a tener un hijo, porque claro, la reproducción es un terrible equívoco en estos tiempos, y los ojos más grandes que los ojos boca de mi amor esposo, -Qué cosa tan terrible! ya no se puede hacer nada  mija! Qué ocurrida! Qué es lo que tiene en la cabeza? y siendo de tan buena familia, criada por el gran amigo más grande y bueno del mundo, milagro que esté de pie, eso hace daño, mucho daño, han descontinuado este medicamento hace rato, muertes y deformidades! Qué le pasa! Y es que Doctor no hicieron efecto las dos primeras, como en veces anteriores tan sencillo y cómodo, sin salir de casa, -En veces anteriores? Cuántas veces ha decidido usted quitarle la vida a un ser tan suyo como lo suyo? Ahhh su abuelito se sentiría tan mal con esta noticia, qué en paz descanse! Tan inteligente y simpático, qué bueno que no tuvo que enterarse de esto jovencita, lo que usted ha hecho es tan brutal como el asesinato, y de esta manera! Atentando contra su vida  también.  -Es que Dr. Lo que usted no entiende… NO! No voy a entender nada, solamente le voy a decir que lo que usted ha hecho traerá grandes repercusiones en su cuerpo y espíritu, esto acaba de mal formar de una manera espantosa a su hijo no deseado, no lo va a poder tener porque lo acaba de dañar, como se daña un juguete, pero usted  ha jugado con la vida, que se cree, Dios? Le voy a dar el número de mi amigo, el Dr. Pérez que acude a estos casos pero solo porque ya no hay salvación, y por su abuelo gran tipo, la mejor persona conocida. Pero antes, quítese la ropa y póngase esta bata, espéreme en la camilla con las piernas abiertas por favor. Eso de camilla no tenía ni medio, parecía una cama de tortura. Qué abiertas estaban mis piernas carajo, y sin escape alguno, expuesto mi sexo como una flor, ni me había rasurado, flor de pelo y ano, qué terrible y Dr. Anciano con unas gafas de fondo de botella dándose el gusto de humillarme, hurgando en forma dentro de mí, mientras seguía hablando del abuelo, del colegio y Dios, y mi espíritu destrozado y mi hijo deformado, qué momento, y pepe? No existe.



Sacó sus dedos como quien saca cualquier cosa, pero para mí no fue tan simple, el sonido de los guantes deslizándose hace afuera de mí, lo mojado de ese encuentro tan poco agradable, como se sacó esos arrugados y largos dedos de uñas largas, los guantes embadurnados de mi fluctuosa secreción y los botó a la basura, esos que me tocaron por dentro, hacia adentro,  como se toca al amor, yo tenía muy claro que el amor iba por ahí, muy ligado al sexo y a lo interno, a la penetración y la pequeña habitación dentro de mí que seguramente tan calientita estaba que le daba gusto a pepe amor, cada tanto, tanto a veces que no recuerdo cuando fue la última vez que lo hicimos. En fin, tenía la deformidad dentro de mí por preceptos mal concebidos por un hombre que era mío y yo de él, 20 años no es poco, yo estaba por cumplir los 41, jovencita mis huevas quería gritarle al anciano, pero no, ya había estado dentro de mí,  supongo que eso perdona todo, por Dios que confundida estoy! Pensé.   Me vestí y me fui donde este otro doctor que seguramente haría algo para salvar mi vida y desechar la otra, y pepe? No está.



Tráfico, sol, tedio, angustia y desesperación me acompañaron a voluntad hacia este consultorio al otro lado de la ciudad, para encontrarme un una fila de llorar, de un montón de mujeres como yo, a la espera de algo muy parecido a lo mío, sentí una especie de complicidad con estas féminas, hasta quise dialogar con ellas, entrar en intimidad, en calor, contarnos el por qué, cómo y cuándo de la situación, por qué tiene que ser tan difícil? Si alguna de ellas cometió el error de las pastillas.  Pero no pude, de hecho me quede muda ahí, viendo un cartelito en la pared que hablaba sobre la planificación familiar y lo favorable que esto puede ser, haciendo familia con amor y responsabilidad era el slogan, -belleza-  Sentí la tensión en mis compañeras esa angustia sudorosa que tanto me alteraba, ellas hedían a muerte, pero lo que más me alteró fue la desesperación en sus pupilas, en sus movimientos, en sus muecas, qué cosa tan desagradable, qué molestia, una de ellas estaba a punto de acercárseme, era una niña, una jovencita, sin la menor idea, qué tiempos! extraño no tener idea, el que sabe pierde dicen, yo no sé mucho aún, tampoco quiero, pero era más entendida que la muchachuela con cara de limón exprimido que se me acercaba coqueta en busca de una protección y apoyo, que seguramente yo no le iba a dar, así que  no se cuanto tiempo me quedé ahí, pero salí escapada, corriendo, agitando mis extremidades en modo protagónico.



Y amor pepe?



Tenía un viaje de peceras, había muchos de ellos y estaba bien. En los últimos años cada vez que tenía que acompañar a su jefe a otro país y me quedaba sola en casa, me sentía diferente, rico, de una manera sutil percibía los colores en mi vida de nuevo, era raro, porque andaba descalza y desnuda por toda la casa, contenta, escuchando la música a altísimo volumen, sintiéndola, bailándola, cocinaba cosas que a él no le gustaban y me las comía en la cama dejando migajas por todas partes para después volver a bailar sobre ellas, seguramente lo que llaman libertad, cada vez más seguidos los viajes, cada vez más libertades y darme cuenta de que iba por ahí la cosa? Si, se fue sin preguntar cómo me había ido con las pastillas, me llamó apurado contándome que la vida suya es tan cruel que debía marcharse en el vuelo de la noche, que había pasado por casa a ver algunas cosas pero que no me encontró, claro el no sabía que me estaba divirtiendo con el amigo de mi abuelo…. Y qué bueno hablaríamos en 5 días, en su retorno, siempre tuyo pepe amor te quiero con la vida etc. Quise desprenderme del sentimiento de la deformidad creciendo dentro y fuera de mi, todo mal me dije, todo mal, pero, pero, pero, queda esta exclusividad, tengo luz y  canciones por cinco días, mi recreo, lo que estaba aprendiendo era a amar su ausencia.



No le dije nada por teléfono, no comenté absolutamente nada, solamente que disfrute, que trate de aprovechar, viajar es lindo y bueno, suerte, te me cuidas.



Llegué a casa y todavía olía a él, abrí las ventanas para espantar ese fantasma y sentirme yo de nuevo, sin ser presa de la catástrofe que es la convivencia, quién es este hombre que pasa conmigo y me hace tan infeliz con su horrible manera de pensar? Me pregunté, a lo que yo misma contesté, amor esposo pepe es todo lo que tengo, debería acaso tratar de reavivar la pasión? No, me dije, para qué? a este punto que pereza. Vuelve a cada segundo contundente el recuerdo de mi pobre hijo creciendo dentro de mí, hago un montón de cosas para despistar este pensamiento , todo lo que puedo, hasta plancho mi vestido, ese bello vestido que se, que nunca voy a usar porque ya nada, mi cuerpo se estaba derritiendo aparentemente y no había ocasión en todo caso, así que entre planchando, cocinando, regando plantas, hasta salí a trotar al parqueadero, ese parqueadero donde alguna vez pepe me pidió que le chupe el pene para sentir lo público de la concupiscencia, el riesgo, eso hace como unos 10 años cuando todavía algo quedaba de encanto, y dale que chupa y absorbe y lame hasta que llegó y lamentablemente sufrí de pánico y asco y vomité sobre él y no solo sobre su zona genital, todo pepe amor estaba superpoblado de vomito. En fin, troté en el parqueadero, fui a comprar cigarrillos, me los fumé todos, y nada, el pensamiento estaba, latente, como un martillo, ahí, potente, prepotente, preponderante, fuerte, doloroso, agobiante, cruel y recordé, en la calle América hay un letrero enorme en un edificio tan viejo que se cae, que dice en letras gigantes OBSTETRA, esa es! Ahí es! Vamos a ver qué me dice esta persona que publicita lo que hace tan frondosamente, vamos.



Subí por unas gradas de madera que sonaban feísimo, cada paso que daba me recordaba que estaba ahí, con intenciones desastrosas y anti espirituales, pero con paso firme, ella, una señora en realidad desagradable, con facciones cuadradas, duras, frías, me hizo sentir peor que las gradas, muy grosera, me dijo que tome asiento y le espere, con una vos ronca y áspera, la esperé por un buen rato, viendo los diplomas pegados en la pared seguramente falsos, no podía ser de otra manera, universidades que en la vida había escuchado.  Cuando regresó se sentó y no dijo nada me quedó viendo como esperando que yo sea quien inicie la delicada conversación y claro, lo hice, le dije todo el cuento de las pastillas, pepe y su negación, el Dr. Guzmán y de pasito le conté lo de la fila en el abortero del Dr. Pérez, a lo que me dijo que no debería hablar así, que eso sigue siendo ilegal en este país y que en ese mismo momento le jure que no daría su nombre a nadie o que me levante y me vaya  y me hizo firmar un papelito de confidencialidad, y yo pensando en que ese letrero tan grande frente a uno de los chongos más depravados de la ciudad no podía ser más delatador, pero estaba cansada y si le argumentaba eso seguramente me echaba a patadas, había que hacer esto. Le conté que estaba preocupada por la criatura y el posible daño que las pastillas por arriba y abajo le hayan podido hacer y se me burló fue muy al huevo eso, porque se rió de mi como diciendo que igual estaba ahí y lo iba a matar, (digo lo, porque estoy segura de que hubiera sido hombre), y me molestó eso, así que entre a la nueva camilla de tortura, esta, un poco más sucia, le pregunté si me iba a anestesiar y se volvió a reír, argumentando que si me moría en la anestesia ella se jodía y que eso no se lo puede permitir, para esto yo ahí, en mi flor de pelos, vagina y ano expuesta de nuevo, con una sonda que goteaba el suero, seguramente por que usaba siempre la misma y el sonido aterrador de una especie de aspiradora que enchufó como quien enchufa el secador de pelo, no puede ser tan fácil todo! Pensé, que fuerte hijo de las mil putas! y eso que sonaba, ese palo largo con una punta huequeada que era lo que hacía ese sonido tan brutal, fue lo que entró en mi con toda la aspiración posible y pude sentir como me masacraban, temblaba, solamente temblaba y lloraba en serio a gritos, ella me callaba enojada, que si no paras paro yo! y esto queda peor de lo que está, no puede ser peor, en mi trémulo pensamiento, no podría ser peor, duró eternidades, se hizo de noche y ella estaba ahí con su maldito palo raspándome la vida, y yo no podía dejar de temblar y lagrimear, con miedo, con tanto miedo.



Y pepe? De viaje.



Estiró sus manos y me dijo -300 dólares, con los mismos guantes del trabajo, y yo que no podía cerrar las piernas aun, -En mi billetera Sra. siga no más, seguía temblando, adolorida, hinchada.



-Ah, ojo, la criatura estaba bien, dado que usted tiene el cuello uterino cerrado, por eso no hicieron efecto las pastillas, no llegaron a entrar nunca, así que deformidad por lo menos no había.



Deformidad no había, ya no hay nada, estaba bien, estaba. Me fui en un taxi.