Soraya Fernández DF


Amores bebedores de mis pechos

l
Serás hoy el duende de mis ojos
y veedor de mis sueños
mi perplejo animal escandido
mi aurora estremecida
te amo sin olerte
te introduzco sin tenerte
mi amor de millas, mi amor de lejos
mi ser neutral, mi yo sin dueño
...mi luz celestial

Sabrás de aquí y de allá,
sin saber del tiempo

Sabrás saborear la paloma del viento
la lluvia bañará mis pechos
y tu lengua tocará mi lecho
amor, amor de mi, de quien huye en el río
de quien habla ausente
de quien ama, soberbia de mi alma
de tus ojos sepulcros de discordia
...de mí.

ll
Sabrás de aquí y de allá,
de mi corazón un pañuelo
un amargo desencanto de amapolas
que encuentra amores
torceduras de paz, en hilarios de amor
sabuesos infelices de holocausto
azucenas de otro jazmín
rastros inmortales de huida.

lll
Extenuidad en el tapete rojo
brotó la gota del engendro
sucumbido de errores
tácito en la muerte del alado

Caminó por semejantes llanos
explorando libros excluidos
la madre le brindó sus pechos
galopando en su copa de vino
……….

Agujeros

Caminábamos por el tejado y los agujeros caían, en el agujero más alto observé que puedo matar las pulgas con mi dedo, era un agujero tan absurdo, como la ofrenda floral que caminaba.

Bajé entre las ramas... en el agujero del suelo solamente observé ojos e incredulidades. Contaminé mis oídos al descubrir las frases que se proclamaban.

Los agujeros aparecían en todas las paredes, uno a uno se transformaban, se multiplicaban en el tumbado, en la cama, en los paneles, tocaban notas en los pianos. Podía observar historias -relatos- escenas de humanos, "humanos", "mundanos" de ciegos y sordos.
En uno de ellos El Padre miró a su hijo y le tendió su mano, su hijo que poco a poco se esterilizaba el alma, se alejaba y alejaba y se mudaba a la azotea.

En otro un corazón explotó, la bomba semidesnuda cortó las cabezas de las flores dejando un camino de pétalos por los difuntos.

En el agujero de mi derecha las cruces se izaban y torturaban, marcaban pieles al rojo vivo, mientras los pequeños, uno a uno, en una fila interminable esperaban su turno en donde les consolaban unas pequeñas borlas atadas a sus zapatos que canturriaban el credo al ritmo de las campanas de una iglesia cercana.

El agujero de la izquierda perdía su interés, se abría y cerraba automáticamente intentando atrapar la sobriedad de los campesinos que labraban el cielo y lo fumigaban con espinas para impedir el paso de las aves. A un lado los aniquiladores de los cerros esperaban pacientemente a tener el banquete listo mientras la lava peinaba sus mejillas en resurrección.

En el agujero de la ventana, vi a un hombre, con un lunar en la sien, en la que el agujero se hizo más profundo, dentro una maquinaria extraña se inutilizó llena de ilusiones paganas e insultos democráticos que cautivaban a una realeza insípida que se apoderaba de la última gota de sensatez que habitaba en la mediática luna de la calle.

Mientras tanto la respiración de un agujero succionaba con estabilidad la vida. La estiraba y la amasaba conteniéndola en una reserva de hidrógeno, un tanque que servía de alguacil a los híper alérgicos de vida. Este agujero era peculiar, engendraba más agujeros que nunca encontraban sustento en la asfixia, nunca respiraban sin desnudarse, sus ropas caían en cascadas, sus pieles se desvanecían, su sangre brotaba, sus huesos se calcinaban... el esternón solamente se inclinaba al recostarse en sus consuelos...

En el sillón los agujeros salpicaban, bailaban, se subían al carrusel y asistían al circo, en la escena manejaban al pueblo, las almas en pena vagaban sin entender por qué.

En un agujero cercano los llaveros eran guardianes de las luces y las cajas fuertes, las cuales roncaban de negro a la humanidad.

En un agujero lejano una mujer gritaba eufóricamente al Sol:
—Solo podré encantar a la pureza, en la mujer que soy!

Otra a su lado sonreía y lloraba, sonreía sus alegría y lloraba sus debilidades.

En una esquina “el arte” brotaba silenciosa, en su lema decía:
—Las palabras son redundancia.

Los huracanes azotaban los agujeros del jardín, en cada uno de ellos había un hombre que trepaba a un árbol para gritar en su copa su desesperación! Se agarraba de los pelos en autodefensa, otros abrían unas ventanillas gruesas de servicio en las que regalaban bonos de felicidad.

Te llamé, te llamé y tú no me respondías, te había dejado en el tejado, los agujeros no paraban de hablar y allí estabas tú, en el tejado...escuchando aun lo que ya estaba dicho.
……….

Anexo

El dominio de la palabra Vida
la cuerda floja en la antesala del púlpito
un ruiseñor acompañando la orquesta
el irónico riendo las desgracias,
el músico acomplejado,
un orador sin trono,
un muro levantado.

El taciturno de la alba-noche
encerrado en un corral de palpitaciones
dormitando el encuentro
el pensamiento sumido en escape
la dialéctica compacta de luces
verbos, verbos y más verbos
agua, elementos, holocausto caníbal.
Y lo hermoso se perdió en un sueño,
y lo austero rodea al hombre
cíclopes de ojo negro
faltos de luz, faltos de amor
regalía de tuertos inarmónicos
estupefactos de un credo concentrado.
------ Vida ------

……….

Ella

Ella se desliza por la tibieza de una fruta madura. Cuando a su corazón le azotaba una tiniebla, ella huía a un lugar escondido en el centro de su pie, un empeine bonito desdibujado por el tiempo, en el que los colores de arco iris florecían en el horizonte y bordeaban el letime de sus sueños.

La ternura consagrada en su paz interior —volátil e inocua— se transformaba en formas voluminosas de luz ecuestre, el horizonte descifraba un habitáculo único, crecimiento de pétalos dormidos, sinergia de vida, movimientos de expresión instantáneos que encierran el retumbar de una mañana de luz, el día nuevo envuelto en un canto de golondrina.

Taciturna en el alba, se entregó entera al deslizarse por su silueta, encontró un tornado de alegría. Alegría que la trasladaba por una alfombra sembrada de semillas tornasoladas y floripondios que tocaban música celestial. Olas de lluvia dorada que transportaban el ser limpiaban su alma.

Ensueños venideros de alegrías infantiles de la vida, recuerdos coherentes de lo que es en su don. Marijuela eterna del tronar.

Volar, volar a las cuevas del alma... el lugar sincero de dónde venimos, al cual llegaremos.

Preposiciones En EL - En Ella
Metamorfosis inyectada , una melodía absurda
—contrapuesta— despilfarro de mentiras
incredulidades existentes, una sinfonía
—desbocada— ardores reflexivos
coloridos sabores, ventana rota
—retorcida democracia— momento vivido
la vena ágil, cómico anteojo lunar
nebulosas andariegas titilantes
montaña, oculta tras su arboleda
—hipnótica— su humo sagrado
señales bilaterales, polos alternos

Cuan sur será su Amor?
¿Y Cuán norte será su Esclavo?
estrellados luceros, semántica del silbo
—alteraciones— nocturnas sepulturas
mal-halado, postres deshuesados
—el miembro estéril—
formas imaginarias, lo no existente
-derrame- semen castigado por el amor
espermas semi-agudos, el Tao del camino
—lectura rápida— fugaz entendimiento
estudio, para el no apto del placer
—verdad reflejada— letras deambulantes.

Quantum taciforme, la rama viva
—rombor— nubes esmeraldas
inquietud, sabiduría intacta
alas —hojas— techos , escarlatina dual
—limites— encontrados serpenteantes
estrellas flotantes, humana órbita
—sinopsis— encuadre visual
superficie, inocuidad del perdón
—jineteando saberes—
prestaciones, consuelos desesperados
viaje, capturantes aves
—navegaciones— hongo supremo
cavilaciones de pies, columpiantes cadenas
-entremeses- vidas sobrehumanas
pasajes, dicha entre desdicha
—luz— austera plenitud del egoísmo
olvido del ser, olvidado cuerpo
—cuarto oscuro— el no querer ver
observar del pensamiento, interminables abismos
—jadeos rotos— olvidados placeres
autónomas velocidades, sin riego femenino
mentiras del supremo ser.